Por Ismael Quintero Rojas

Introducción

Es probable que para muchos de los lectores el término “neo-calvinismo” les sea casi desconocido. Bueno, este término relativamente nuevo, suele indicar el reciente despertar de muchas iglesias evangélicas y cristianas hacia las doctrinas de la gracia y el pensamiento reformado. Dicho despertar o adherencia al calvinismo en Norteamérica, Centroamérica y algunas iglesias de Suramérica tiene componentes específicos que es bueno considerar.

Inicialmente, podemos ver este movimiento o coalición, como ha sido también llamada oficialmente, como beneficiosa para el extendimiento del reino de Dios bajo los principios solidos de la fe histórica y la cosmovisión calvinista. No obstante, dicho movimiento en su origen y estructura interna y de pensamiento, representa serias y grandes amenazas a la fe bíblica e histórica. Ya que este movimiento, liderado por grandes figuras cristianas contemporáneas, promueven la imagen de prominentes líderes o predicadores, manifiestan apertura al pluralismo religioso en doctrina y práctica, flexibilidad o condescendencia en cuanto a doctrinas reformadas, apertura litúrgica, continuismo moderado, psicologizacion de la consejería, mundialización de vida de sus miembros y contextualización errada para ser relevantes a la cultura posmoderna.

Una de las preguntas que debemos plantearnos seriamente es: ¿Debemos abrazar este movimiento de coalición como autentico y legítimo de la fe reformada, o debemos denunciar su doctrina como una colcha de retazos? ¿Estamos llamados a defender la fe histórica y bíblica y su cosmovisión intrínseca o debemos abrirnos al pensamiento posmoderno, pluralista, amplitudista y multicultural contemporáneo? ¿Debemos participar de este movimiento de coalición bajando los estándares de doctrina, hermenéutica, cosmovisión y práctica o debemos mantener los estandartes sólidos de la fe histórica sin diluirlos, sino con fidelidad y lealtad, según se han preservado? Si nuestro interés es ser relevantes, sensibles y pertinentes a las necesidades actuales, estamos abriendo la puerta al neo-calvinismo. Si nuestro motivo y propósito es ser fieles a la fe una vez recibida, confiar en la soberana gracia del Señor para salvar y permanecer en la ortodoxia, no debemos abrazar estos movimientos.

Características

El Nuevo Calvinismo es una iglesia amplia, con una gran variedad de creencias, doctrinas y prácticas. Esta coalición comenzó en el año 2007 con una conferencia encabezada por Don Carson, Tim Keller y John Piper. A partir de esa fecha, ha ido creciendo y asociando nuevas iglesias y ministerios. Escribieron su declaración confesional no histórica y su teología ministerial, acorde a los postulados amplios, de este movimiento. Desde este punto de vista, iglesias de diversos cortes o enfoques doctrinales son bienvenidas a esta coalición.

Aunque este movimiento manifiesta adherirse a los postulados de fe Calvinista o Reformada histórica, en la práctica es un movimiento abierto, que no vive fielmente la doctrina promovida por los puritanos, reformadores históricos y por supuesto bíblica. Eso hace que su teología no sea apropiada y su práctica tampoco. Eso hace que dicho movimiento no sea reformado, ni histórico.

1. La contextualización

Este movimiento de coalición por el evangelio busca contextualizar la verdad bíblica y su presentación para que sea acorde a los desafíos, postulados y enfoques del mundo posmoderno. Desde esta óptica, buscan que el mensaje del evangelio sea sensible a las múltiples tendencias contemporáneas de la sociedad y que se adapte fácilmente a los desafíos culturales, multiétnicos y sociopolíticos de la época. Pretender contextualizar el evangelio o el mensaje es desconocer la soberanía, suficiencia y pertinencia de Dios por medio de su palabra para la salvación de los elegidos. Es propender por el pragmatismo y humanismo como método para que el mensaje sea relevante y no descansar en la gracia suficiente de Cristo para trasformar por el poder del evangelio

2. Antinomianismo

El movimiento de coalición o neo calvinista, muestra según sus diversos documentos y su asociación una actitud impropia hacia la ley moral de Dios. El entendimiento de la gracia, fácilmente queda sometido a un desconocimiento o negación de los deberes morales demandados por las escrituras y vigentes para todos los tiempos del cristianismo. Con facilidad se enfoca en el bienestar, gozo, placer y comodidad y no en la obediencia y santidad. Por el contrario, tenemos que decir que la fe bíblica e histórica en ningún lugar disocia la gracia del deber moral. Es decir, la fe bíblica no es antinomia, sino gracia para poder vivir en las demandas perennes del evangelio. No podemos confundir legalismo con obediencia y santidad, como es común en los círculos del neo-calvinistas (Ef. 2:9-10). En tal sentido, tanto el conjunto de la fe bíblica como la forma, pensamiento y práctica puritana histórica es opuesta a esta negación o separación entre gracia y obras, que propone sutilmente el neo-calvinismo.

3. Libertad

Bajo el concepto de libertad han caído en prácticas mundanas o secularmente aceptadas entre los no cristianos como música contemporánea, comportamientos inaceptables para cristianos, entre muchas otras prácticas que no deben regir la vida de los creyentes. Recordemos que el estilo de vida de los salvos debe estar fundamentado en el carácter del Señor y el fruto del Espíritu y nada tiene que tomar, aceptar o validar del mundo, porque los impíos no tienen nada que enseñarnos a la iglesia. Por el contrario, es la palabra de Dios la rectora de la fe y la conducta cristiana en todo su contenido. Por eso decimos que la libertad no la promovemos nosotros con nuestras ideologías mundanas y concupiscentes para facilitar la entrada de muchos, sino que la libertad la promueve el Señor, por ser parte integral del evangelio. Somos libres no para vivir para nosotros, sino para la gloria de Dios, según las normas vigentes de fe y práctica cristiana.

4. Adoración

El movimiento de la coalición propone un culto más acorde a la mentalidad moderna de la sociedad. Es decir, incluyendo música contemporánea, abrazando modelos y prácticas celebrativas menos rígidas. Además, acepta grupos musicales y predicadores célebres para sus reuniones, bajo el mismo pensamiento de ser más pertinentes o relevantes a los desafíos contemporáneos de la sociedad. Tales cultos públicos rompen la sencillez del culto histórico, riñen con los principios de la adoración bíblica y niegan el principio regulador del culto que es parte integral de la forma de adorar calvinista, histórica o puritana. Tal apertura, flexibilidad o pluralismo es una seria amenaza al sistema coherente, histórico y adecuado que hemos heredado de la Reforma protestante.

5. Megalomanía

Otra característica de la coalición por el evangelio, es que tienen mega-teólogos, con mega-iglesias, caracterizados por mega-egos, con mega-presupuestos para tener mega-conferencias y escribir mega-libros. Esta tendencia mega o maxi, no tiene nada que ver con la fe bíblica e histórica. El modelo de Cristo, el ejemplo apostólico y el legado de la historia del calvinismo reformado no tiene en sus anales nada que ver con estas ansias por las multitudes, por las celebridades o por la prominencia. Por el contrario, es la doctrina bíblica y el carácter cristiano que forja el Espíritu, opuesto a estas tendencias posmodernas y aglutinantes. Somos llamados a vivir en sencillez de vida, a no tener un concepto más allá de lo que debemos tener, a pensar con cordura y a ser mansos y humildes de corazón.

Consideraciones

Es acertado decir que Reforma o Calvinismo habla de un sistema de doctrina, pensamiento y práctica que se debe abrazar y no amerita una nueva reforma, lo cual haría inválida la reforma y la teología del siglo XVI, junto a las prácticas puritanas que la afirmaron exitosamente.

Es lógico considerar, conocer y advertir que unos nuevos postulados, neo calvinistas, ultra calvinistas, seudo calvinistas o por el estilo, lo que hacen es diluir el sistema sólido doctrinal, histórico y de práctica del siglo XVI y abrir la puerta a nuevos sistemas amparados en este periodo, pero sin serlo en el contenido y la práctica.

Es preciso advertir que una coalición por o para el evangelio, desde esta conceptualización, abre la puerta a un sistema de doctrina nuevo, intermedio, sin la ortodoxia, firmeza, solidez y estructura cosmovisional de la reforma protestante histórica del siglo XVI, lo que se constituye más bien en una colcha de retazos o amalgama de ideologías religiosas flexibles, pluralistas y atractivas a los diversos sectores del pensamiento cristiano.

No aceptar las Confesiones Históricas derivadas de la Reforma, los Catecismos históricos y la cosmovisión calvinista en su totalidad nos expone a un sistema más ecuménico, abierto, sin forma y sin fondo histórico, bíblico y práctico; lo cual es muy riesgoso.

Evidentemente, este movimiento “neo-calvinista” es el producto no de la soberana intervención del Señor para expandir su reino en el contexto de la persecución y oposición como han sido las reformas históricas; sino el acuerdo conjunto, pensado, ideado y estructurado de algunos líderes célebres para este propósito, lo que hace que no sea un movimiento genuino, sino un plan orquestado con líderes de varias organizaciones y ministerios y con múltiples intereses, que no se pueden ignorar.

Desconocer el principio regulador del culto y adaptar o contextualizar la liturgia para hacerla más contemporánea o posmoderna nos aboca a una negociación doctrinal, cosmovisional y práctica, que no debe ocurrir. La fe reformada histórica, implícitamente conlleva un principio regulador, así lo hemos creído y abrazado históricamente.

Mezclar doctrina histórica, por lo menos parte de ella, con interpretaciones nuestras, contextuales y prácticas posmodernas, es una amenaza manifiesta para la sólida doctrina bíblica, lo cual expone la iglesia al ecumenismo, sincretismo, hedonismo, agnosticismo y antinomianismo y demás desviaciones pecaminosas.

Reflexiones

Desde mi punto de vista se debe tener en cuenta que el sistema doctrinal, de cosmovisión, documental y práctico, integral a la reforma o calvinismo, no excluye, bajo ninguna circunstancia la médula teológica y hermenéutica de la doctrina del pacto y por consiguiente el entendimiento de los sacramentos bíblicos, como es el bautismo de infantes y la Cena del Señor. Pretender excluirlo sin diluir el sistema histórico, es un contrasentido y un grave error.

Mantener el sistema TULIP histórico, el sistema doctrinal integrado, sin una cosmovisión socio-cultural, familiar, eclesial y estatal adecuada, no es más que un sistema teológico sólido, sin raíces contextuales y aplicación concreta en el sistema de vida. Dicho de otra manera, la teología sin la práctica no tiene sentido, la fe sin obras es muerta. Una coalición así, es una colcha de retazos.

En aras de defender el sistema de doctrina y las confesiones históricas, no podemos caer en mera retórica, sin profundidad en las diferentes instituciones y evidenciado por el fruto de vida, como ocurrió exitosamente en el siglo XVI. Por el contrario, debemos mantenernos en los principios sólidos de la doctrina historia y reformada sin olvidar que la práctica de la fe o la expresión de la vida es testimonio evidente de la fe bíblica y no disociada de ella.

Debemos evitar el separatismo, el legalismo y la negación de verdades integrales de la fe histórica, como puede suceder entre nosotros, so pretexto de defender la doctrina histórica. Una verdad no excluye la otra. Doctrina y práctica van juntas. Fe y misión, compasión y acción, justicia y misericordia, gracia y obediencia, fe y obras son inseparables.

No podemos convertirnos en defensores de la fe histórica y del sistema doctrinal, excluyendo puntos centrales de esa fe que suponemos defender. Y no podemos de igual manera, como estos movimientos nuevos pretender decir, que existen doctrinas esenciales y otras secundarias, lo cual es una contradicción en términos. Tanto la coalición como los que se mantienen en la ortodoxia sin aceptar todo el sistema de fe histórico, están en el mismo error, pero en lados opuestos, pendulados en el sentido inverso.

Así como no nos corresponde bajar los estándares doctrinales, tampoco podemos subirlos, porque ni es nuestro llamado, ni tenemos el derecho de hacerlo. La doctrina y la fe, incluida la práctica, es disposición de Dios, no tarea nuestra. El evangelio la obra por gracia y hacemos bien en atenderla. Subir o bajar los estándares para hacerla más sólida o para hacerla más accesible, es el mismo error en esencia.

Enfrascarnos en conceptos como continuismo o cesacionismo es más bien una polarización que una esencia de la fe. Debemos recordar que nuestro buen y fiel Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. Él ha obrado como ha determinado y seguirá obrando, preservando su pueblo bajo la fiel e inspirada palabra y placiéndole usar la locura de la predicación.

Es tan peligroso pretender ser posmodernos y adecuar la fe y la práctica para este fin, como es el caso del reciente movimiento coalición por el evangelio o neo-calvinismo. Además, es igualmente peligroso pretender mantenernos en el siglo XVI, presumiendo ser puritanos de vieja data, desconociendo como el Señor obra cuidando y preservando la historia y desarrollando su pueblo para su propia gloria.

Conclusión

Según se ha expuesto en este artículo, el neo-calvinismo no debe ser llamado reformado, porque no conserva los elementos esenciales de la fe reformada e histórica. Tampoco defiende y promueve la cosmovisión puritana y las prácticas de vida austeras y piadosas de este periodo histórico. Se distancian sustancialmente de la práctica de vida y la adoración calvinista. Al no abrazar una Confesión Histórica del siglo XVI y no definir con claridad la doctrina, sino mantener una flexibilidad cómplice y pluralista, niegan la fe histórica y los documentos que la afianzaron. Al pretender aglutinar personas, movimientos y ministerios de varios colores, posturas y denominaciones se constituyen en una coalición con “síndrome de colcha de retazos”. En consecuencia, pueden ser llamados cristianos contemporáneos, pero no reformados.

La necesidad de establecer claramente estas diferencias es para evitar confusiones y para que no creamos que hay un despertar de la fe reformada, sino solamente de algunos aspectos que han abrazados estos movimientos. No pretendemos decir que estos predicadores conocidos y celebres no sean cristianos o que todo lo que enseñen es malo. Solo queremos decir que debemos estar atentos a sus enseñanzas, sus ideologías doctrinales y sus métodos, para no creer que son en esencia reformados, cuando no lo son. Les dejamos estas reflexiones para que las analicen y juzguen a la luz de la palabra de Dios, la fe histórica que hemos heredado y la provisión del Espíritu Santo.

Que el Señor nos ayude, porque el peligro no surge de los movimientos históricos, de la cultura o de los tiempos, sino de nuestro perverso corazón.

Reflexión pastoral
Pastor Ismael Quintero Rojas
01 de julio de 2016 – Bogotá D. C.