Por Miguel Rodriguez

INTRODUCCIÓN

Esta parábola se divide en 2 partes, La primera parte es la conversación del intérprete de la ley con Jesús. Y La segunda parte se enfoca específicamente en la parábola del buen samaritano.

Algunas personas quizás poco preparadas para predicar, usan esta parábola para dar normas morales. Aunque ciertamente debemos amar al prójimo. Esta parábola no se centra en alguna norma moral. Se centra en Jesucristo, Jesucristo es el personaje escondido en esta parábola. Aunque muchos no lo ven así.

Luc 10:25 

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 

Muchos comentaristas del pasado coinciden en que el intérprete de la ley era una persona que ejercía el papel de abogado en un juicio. Y en aquel tiempo, las leyes a las cuales se regían los judíos eran a la ley mosaica. El abogado interpretaba la ley para defender a su cliente o acusar a la parte demandada. Era todo un conocedor de la ley de Moises, exactamente del Pentateuco. Les gustaba discutir mucho sobre asuntos de la ley, Pablo justamente la advierte a Tito evitar las controversias y discusiones sobre la ley en Tito 3:9.

La intención de la pregunta era probarle con una aparente pregunta difícil para nuestro Señor Jesucristo. Hipócritamente le llame Maestro, aunque maestro era considerado todo aquel que enseñaba la ley. Hoy ocurre algo similar en este mundo, muchas personas incrédulas ven a Jesucristo como un simple maestro de moral, y lo peor que muchos llamados evangélicos también lo ven así. El intérprete quería usar las palabras de Jesucristo en su contra con una pregunta aparentemente piados al preguntar sobre la vida eterna.

“la pregunta era innecesaria, ya que uno por lo aprendido en la ley sabía muy bien cuáles eran las condiciones de heredar la vida…” (Alexander Mc Laren) 

“Si hablamos en forma descuidada de la vida eterna y del camino a ella, tomamos en vano el nombre de Dios.” (Matthew Henry) 

Toda la Escritura hablaba de Cristo, el intérprete no podía ver que Cristo era la vida eterna, y de forma descuidada habla sobre esta doctrina tomando el nombre de Dios en vano. Lo que en realidad estaba preguntado el intérprete era ¿Qué obras tengo que hacer para salvarme? ¿Qué ritos debo hacer para salvarme? Su pensamiento era el mismo pensamiento de un incrédulo. El creer que puede ser salvo por hacer obras. Todas las religiones enseñan que hay que hacer obras buenas para salvarse. El intérprete no tenía que preguntar qué debo hacer para ganarme la vida eterna, él tenía que pedirle: “Ten misericordia de mí, Hijo de David, sálvame por tu misericordia.” La pregunta del intérprete era muy malintencionada. Él no buscaba la vida eterna. Porque no hay quien busque las cosas de arriba, el mundo no busca a Dios. La gente incrédula no busca la vida eterna. La gente de mundo prefiere vivir aquí en la tierra a su manera lejos de Dios.

La gente del mundo se pregunta: ¿Qué comeremos mañana? ¿Qué ropa nos vamos a poner? ¿Cómo conseguiremos dinero? ¿Cómo podemos ser felices en este mundo? ¿Cómo prosperar económicamente? Pero, pocos muy pocos se preguntan sobre la salvación de sus almas para vida eterna. No está mal el pensar estas cosas para el día de mañana. Pero el comer, vestir, o el dinero debe ser algo secundario. Nuestra meta es crecer en santidad y conocer más a Dios.

En esta parábola Jesucristo no dice exactamente como obtener la salvación como en otros pasajes. Pero si dice cómo vivir como justo ante los ojos de Dios. Jesús respondió exactamente sobre la vida eterna en otros pasajes como en Juan 6:47, Juan 5:24 y Juan 3:36.

Luc 10:26 

Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 

Jesús conocía la ley más que cualquier intérprete humano, porque como segunda persona de la Trinidad, Él era el autor de la ley. Dios es el autor de la Biblia. Y Jesucristo es Dios. Y Jesucristo dijo que: No vino “para destruir la ley de Moisés o los libros de los profetas. No he venido para destruirlos, sino para darles completo significado.” (Mateo 5:17) Si antes Jesucristo se manifestaba a través de tipos de Jesús, o simbolismos, ahora con su primera venida vino a darles el significado del Antiguo Testamento.

En vez de darle una respuesta, Jesucristo le hace una contra pregunta. Jesús no le trata como trato a los demás fariseos poniéndole calificativos que bien se lo merecían. Jesucristo les muestra su misericordia. Poco faltaba para que Jesucristo diga: “Pretendes tentarme a mí, que me conozco toda la ley porque yo soy el autor. Dime, tu que dices ser un conocedor experto de la ley, que dice la ley que tanto conoces.”

Mientras que los judíos veían la vida eterna como algo futuro. Jesucristo les preguntaba que dice la ley, porque ahora en ese se estaba cumpliendo las profecías de la ley y del Antiguo Testamento. La vida eterna no es algo futuro, es algo presente. Jesucristo es la vida eterna. Si creemos en Jesucristo no debemos ver la vida eterna cómo algo futuro. La vida eterna es algo que ya tenemos si es que somos cristianos. Aunque dejemos de vivir en este mundo, podemos estar confiados que despertaremos en la eternidad con Dios.

Luc 10:27 

Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 

El intérprete responda a la contra pregunta de Jesús: Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. El corazón que se menciona aquí no es el órgano que tenemos en la izquierda de nuestro pecho.

Corazón (kardia): corazón, pensamientos o sentimientos. Strong 

“El corazón, en su sentido moral es toda la actividad mental y moral del hombre, las emociones, la razón y la voluntad.” Vine 

 

“Denota la naturaleza moral y espiritual, de los deseos, de las percepciones, de los pensamientos, del entendimiento, de la imaginación, de las intenciones, de los propósitos, de la voluntad.” Vine 

La versión BLS dice: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas” 

Y cuando habla del alma, se refiere al ser mismo.

Alma (psuque): aliento de la vida, espíritu, el ser, la vida interior, la parte inmaterial del hombre, etc. 

Y cuando habla de fuerzas no se refiere a una fuerza humana sino a la fuerza o capacidad que nos da el Espíritu Santo.

Fuerza (isjus): poder, potencia, vigor, capacidad. Es la sensibilidad y el “poder” a la voluntad que gobierna toda la fuerza. 

Esta fuerza no viene de nosotros mismos, sino de su Espíritu Santo. El Espíritu Santo que mora en nosotros nos da la fuerza para amar a Dios y al prójimo. El Espíritu de Dios nos capacita para amar a Dios y al prójimo. Nosotros no podríamos amar a Dios y al prójimo por nosotros mismos, porque por naturaleza odiamos a Dios y al prójimo. Desde que somos cristianos, y recibimos el Espíritu Santo tenemos la capacidad de amar a Dios y al prójimo.

Y con toda tu mente. Aquí la palabra mente si tomamos en cuenta su significado en el idioma original griego, prácticamente la palabra mente vendría a ser sinónimo de la palabra corazón.

Mente (dianoia): pensamiento hondo, entendimiento, pensamiento, actitud, intención, propósito. Se refiere a las facultades intelectuales o cognitivas. 

¿Cómo puedo saber si estoy amando a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con toda mi mente?

Jesucristo dice:

 

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Juan 14:15) 

 

“Ustedes demostrarán que me aman, si cumplen mis mandamientos.” BLS 

Pregúntate: ¿Estas obedeciendo los mandamientos de Dios?

Solo obedeces en las partes que te convienen. Algunos solo obedecen a Dios cuando les conviene. Algunos cuando leen un mandamiento que les confrontan y deciden hacerse los locos y seguir pecando contra Dios.

Te repito lo que dice Jesucristo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama.” (Juan 14:21-24) “El que no me ama, no obedece mis palabras…” (Juan 14:24) Posiblemente no te conozcan todos los mandamientos que hay en la Biblia. Pero esos mandamientos que ya conoces, Dios te manda a obedecerlos.

Algunos piensan así en su mente: “Este mandamiento voy a obedecer, pero este otro mandamiento como que no va conmigo. Más adelante lo pondré en práctica, ya que ahorita no me conviene, quiero seguir pecando un poco más.” Estás pecando si piensas de esa manera en tu mente. Dios te dice: “Si me amas, obedece mis mandamientos.” Ahora. No mañana, no el mes que viene, no el año que viene. Es Ahora.

El intérprete de la ley suprimió el texto de Levítico 19:18:

 

“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.” RV60 

 

“No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo.” BAD 

 

“No seas vengativo ni rencoroso con tu propia gente.” DHH 

 

“No busques vengarte, ni guardes rencor contra tus hermanos israelitas, sino ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el SEÑOR.” NTV 

Hoy muchos llamados cristianos son vengativos, y no perdonan la ofensa de sus hermanos inmaduros, y esperan el momento para tomar venganza contra su hermano, así como el intérprete de la ley que solo menciono la última parte, y se olvidó de la parte que dice que no debía guardar rencor. Muchas personas dentro de las iglesias mutilan el texto de Levítico, suprimen la primera parte, ya quisieran borrar de su Biblia la parte de que dice que es pecado guardar rencor a alguien. Si alguien nos ha ofendido debemos aprender a perdonar. Porque si aún guardamos rencor contra alguien estamos viviendo en pecado, y nunca habrá paz en nuestros corazones. Porque si Cristo nos perdonó a nosotros, nosotros también deberíamos perdonar y olvidar cualquier ofensa. Eso es amar al prójimo como a ti mismo.

Levítico 19:18 se lee en las sinagogas judías, tanto en sus oraciones matutinas y nocturnas. Le llaman el SHEMA Sin embargo, dejan la parte que dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo” Solo leen la parte que dice: “Amará al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente;” Nada más. Si en el pasado suprimieron la primera parte de Levítico 19.18, hoy lo han desechado por completo. Una persona que asiste a una iglesia, pero que en su corazón rechaza a Jesucristo, con el tiempo borrara de su Biblia Levítico 19:18 porque su corazón esta endurecido por causa del pecado. El intérprete conocía la ley pero no la ponía en práctica, de la misma manera que una persona puede conocer mucha biblia y no ponerla en práctica.

Luc 10:28 

Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 

La respuesta de Jesús: “Haz esto y vivirás” ha sido sacada de contexto por la “iglesia” católica romana, lo usan para enseñar un evangelio falso de obras. Enseñan que para ir al cielo primero hay que amar a Dios y al prójimo y hacer otra serie de cosas. Si alguien en este mundo caído hubiera podido guardar este mandamiento sin ser cristiano, hubiera sido posible esta enseñanza, pero no era posible, porque tenía que haber guardado toda la ley. ¿Cuál era el problema? Qué nadie podía cumplir ese mandamiento de la ley. ¿Había algún problema con la ley de Dios? No había ningún problema con la ley de Dios. La Ley de Dios es perfecta. El problema radica en el hombre. El hombre natural es imposible que cumpla esta ley, porque está completamente incapacitado. Solo cuando se convierte a Cristo, puede cumplir la ley por amor. Y no obtiene la vida eterna por guardar este mandamiento. Es al contrario, como ya tenemos la vida eterna, podemos guardar este mandamiento. Cristo cumplió la ley por nosotros. Tenía que venir Cristo y cumplir toda la ley por nosotros. La ley que nosotros no podíamos cumplir, Él la cumplió. Si aún no eres cristiano, en estos momentos tú estás tratando de cambiar y de obedecer a Dios pero no puedes porque lo estás haciendo en tus propias fuerzas. Tú necesitas al Espíritu Santo para poder amar a Dios con todas tus fuerzas. Tú necesitas creer en Jesucristo para poder obtener la vida eterna. No hay otra manera.

El intérprete nuevamente responde:

Luc 10:29 

Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 

El maestro de la ley debía haberse quedado satisfecho con la respuesta de Jesús e irse a su casa a examinar su situación, su vida misma. Sin embargo, se intenta justificar creyéndose justo ante Jesucristo.

El judío tenía un mal concepto de la palabra prójimo. Para los judíos su prójimo era otro judío, nadie más. Un ciudadano romano no podía ser su prójimo. Un hombre que no fuera judío no podía ser su prójimo. Probablemente el intérprete haya dicho: “no tengo ningún vecino; No tengo parientes cercanos; mi padre y mi madre están muertos y se han ido, no tengo hermanos y hermanas, por lo tanto dime quien es mi prójimo porque no conozco aquí prójimo alguno.” Los judíos lo entendían así: “Amar al prójimo es amar a otro judío” Los fariseos o maestros de la ley lo entendían así: “Amar a tu prójimo es amar a otro fariseo.” El pensamiento de los fariseos era que aquel que no conocía la ley estaba maldito, era que aquel que no era judío, era un perro gentil. En otro pasaje decían: “esta gente que no sabe la ley, maldita es.” (Juan 7:49) Ese pensamiento sigue hasta el día de hoy.

Algunos peruanos creen que su prójimo es solamente otro peruano, y ven a los chilenos como sus enemigos. Otros creen que su prójimo es alguien de su familia, y no hacen el bien a sus vecinos. Hoy hay mucha gente dentro de las iglesias que creen que su prójimo es solamente otro cristiano, y si no es cristiano no es mi prójimo. Y la mejor manera de amar al prójimo es anunciándole el Evangelio que lo pueda salvar del infierno, y pueda obtener la vida eterna.

Prójimo (plesion): cerca, vecino, compañero, hombres, paisano, prójimo. 

Un prójimo era y es:

El pobre, el extranjero. Levítico 19:10, 

El vecino, el empleado. Levítico 19:13, 

El sordo, el ciego. Levítico 19:14, 

El pueblo. Levítico 19:16

En síntesis, el prójimo es cualquier humano que habite sobre la tierra.

La Biblia de Ginebra dice que: “el prójimo es cualquier persona a la que podamos ayudar.” 

Los maestros de la ley torcieron el concepto bíblico de prójimo. Los fariseos cambiaron el significado de la palabra prójimo para interpretarla a su manera. Una de las maneras de amar al prójimo es que si alguien te ofende, perdónale. No le guardes rencor. (Lev 19:8) También, soportando la inmadurez de tu hermano en Cristo con paciencia. Pagando con mucho amor a aquellos que te tratan con odio o desprecio. Orando por aquellos que te quieren hacer daño o te consideran sus enemigos. Debemos guardar nuestros corazones de cualquier pensamiento malo o vengativo.

 

“Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Romanos 5:12) 

Luc 10:30 

Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 

Aquí recién empieza la Parábola del Buen Samaritano.

El hombre cae en manos de los ladrones, el cual es una representación del hombre caído desde Adán. Satanás le ha robado su honor y desfigurado la imagen de Dios en él. Los ladrones son los demonios que la han privado de la gloria de Dios. Los asesinos que buscan la destrucción del alma son satanás y sus demonios.

Le despojaron, es decir, le quitaron todo lo que tiene en el camino para subsistir. De la misma manera, un hombre del mundo ha sido despojado de la justicia original. El hombre está desnudo ante los ojos de Dios. De manera que para Dios no hay pecado oculto que el hombre pueda ocultar. El hombre ha sido despojado de cualquier justicia, y necesita alguien que le vista. El hombre necesita alguien que le justifique ante Dios. Porque el hombre natural “esta desprovisto de todo justicia, ni puede hacer nada para justificarse delante de Dios.”

Le golpearon hasta más no poder hasta dejarlo agonizando. El hombre necesita alguien que lave y sane las heridas de su cuerpo. Así también, el hombre que no conoce a Dios necesita a alguien que lave sus pecados y sane las heridas de su alma. El hombre sin Cristo se encuentra en un estado similar a causa de su pecado. Desde “la corona de la cabeza, a la planta del pie” el pecador esta golpeado por el pecado. El hombre incrédulo está agonizando porque el infierno le está esperando. Es una representación del hombre caído, sin contradecir que el hombre natural está muerto espiritualmente.

Luc 10:31-32

Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

El sacerdote representa la ley moral como cura del hombre, y pasa de largo porque es incapaz de hacer algo por él. De la misma manera la ley moral es incapaz de salvar. El levita representa la ley ceremonial que es incapaz de salvar al moribundo, tanto el sacerdote como el levita son incapaces de hacer algo por él. La ley moral y la ley ceremonial es incapaz de salvar a una persona con al alma agonizando y muerta en sus pecados.

Luc 10:33 

Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 

El odio entre ambos pueblos era terrible. En una ocasión, los judíos mataron a miles de samaritanos. Los samaritanos se aliaban con otras naciones para destruir a los judíos. Los samaritanos eran vistos como endemoniados y herejes.

Alguien podría pensar: “Que buena persona es el samaritano.” Algunos predicadores indoctos enseñan: “Tienes que ser como el buen samaritano” Pero, la lección aquí no es la bondad del samaritano ni su ejemplo a seguir. Aunque ciertamente debemos ser compasivos y mostrar amor para con el prójimo. Ese no es el mensaje del texto. No se trata de cuan bondadosos eran los samaritanos, ni cuan bondadosos debemos de ser, ni cuan samaritanos podemos ser. Se trata de confiar en el buen samaritano, que es Jesucristo.

Jesucristo es el buen samaritano 

El samaritano es el personaje principal de esta historia. La identidad del samaritano es un misterio para la gran mayoría de cristianos y peor aún para la gran mayoría de predicadores. Los padres de la iglesia y los hermanos de la Reforma siempre vieron a Cristo como el buen samaritano.

¿Por qué Jesucristo toma el papel del buen samaritano? Si vemos el contexto, Jesucristo le estaba hablando directamente a un judío que enseñaba la Ley. Y Los maestros judíos e intérpretes de la ley consideraban a los samaritanos como personas endemoniadas. Los mismos maestros de la ley (escribas, fariseos, saduceos) consideraron y compararon a Jesús como un samaritano endemoniado.

En Juan 8:48 dijeron a Jesús:

“Tú eres como un samaritano y tienes un demonio que te está volviendo loco” PDT 

 

“Tenemos razón cuando decimos que eres un samaritano y que tienes un demonio.” DHH 

 

“eres un samaritano, y estás endemoniado” BAD 

Los fariseos tenían un bajo concepto de Jesucristo. Los judíos odiaban a Jesucristo. Jesucristo usa esa idea de los judíos para confrontarles. Y les muestra que él es el samaritano, odiado por ustedes, pero compasivo para con las personas, y Poderoso para salvar.

No se trata tanto de quien es nuestro prójimo para poder recién servirle. Se trata de a quien servimos como prójimo sin preguntarnos si debo o no debo servirle. Jesucristo le quiere mostrar su incapacidad de salvarse por la ley. Jesucristo le quería mostrar su incapacidad de amar a Dios y al prójimo por sí mismo. Jesucristo le quería mostrar que él no amaba a Dios ni al prójimo. Que podía ser muy conocedor de la ley, pero si no sabía amar estaba perdido. El propósito de la parábola es evangelizar a una legalista. Que somos incapaces de amar, a no ser que Cristo nos rescate del camino perdido.

Jesucristo nos ve la misma manera que vio al hombre moribundo.

Nos vio “tan perdido, tan débil y sin fuerzas, como malos, y como el peor de los pecadores, como malos, y los enemigos, como hijos de ira por naturaleza, como los demás;” (John Gill) 

Luc 10:34 

Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 

Cristo sano nuestras heridas. Cristo nos sano el alma. Derramo sobre nosotros el aceite de la gracia del Espíritu Santo. Y nos bañó con el vino de su sangre, nos justificó con su muerte, nos justificó gratuitamente por la justicia de Cristo. Podemos hallar perdón por su sangre derramada en la cruz. Cuan delicioso podía haber sido el vino en su época, no porque haya contenido alcohol como enseñan algunos falsos maestros del Nuevo Calvinismo en Perú, sino porque era la bebida más rica y refrescante de la época. Así también, cuando somos bañados con la sangre de Cristo, es decir, cuando creemos en Cristo completamente arrepentidos confiando solamente en Él como nuestro Señor y Salvador es refrigerio para nuestras almas, y nos deleitamos en esta salvación tan grande que Dios nos ha dado.

Ser justificados por la sangre de Cristo es nuestra mayor alegría. La sed de nuestra alma ha sido saciada eternamente desde que dejamos de confiar en nuestras obras para confiar únicamente en Jesucristo.

Cristo, luego nos pone en el mesón que representa a su iglesia, y en donde nos alojamos permanentemente. Nuestra posada es la iglesia de Cristo. Dios estableció posadas en todo el mundo, lo que hoy conocemos como iglesias locales donde estamos todos aquellos que fuimos rescatados por Cristo. Es una posada invisible y temporal hasta que Cristo venga por su iglesia. Cristo cuida a su iglesia, cuida a cada creyente verdadero para que nunca se aparte de Dios. Si hay alguien que dice ser cristiano pero vive de manera descuidada sin santidad en su vida, es porque posiblemente no sea cristiano, porque un verdadero cristiano es cuidado y guardado por Dios.

Luc 10:35 

Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 

Dios usa a los mesoneros, que son los pastores, maestros, o líderes para instruir y cuidar a su iglesia y edificarla en la verdad de las Escrituras. Nos alimenta cada día dándonos el pan de su Palabra, la Biblia.

El trabajo del pastor y de los maestros o predicadores es: “alimentar de las almas con las palabras de la fe y la sana doctrina; ministrando el Evangelio de una manera fiel; y constante tanto con respecto a los principios y la práctica” (John Gill) 

Cuando regrese el Buen Samaritano pedirá cuenta a los mesoneros. Cuando regrese Jesucristo, todos los predicadores que administraron la posada, su iglesia de una manera que Dios no ordeno o con un Evangelio que Dios no enseño, dará cuentas a Dios.

John Gill en su comentario de este texto dice lo siguiente:

“recompensará a sus ministros, por todo su trabajo y el esfuerzo, la atención y el gasto; él entonces una oferta de ellos, como buenos y fieles servidores, entra en el gozo de su Señor; y cuando ellos serán cada uno recibirá la recompensa de su propio trabajo, en un camino de la gracia, y brillarán como las estrellas en el firmamento, por los siglos de los siglos.” (John Gill) 

Luc 10:36-37

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. 

El intérprete de la ley no quiere ni puede humillarse y decir: el bueno samaritano es el prójimo. Solo dijo que el que practico misericordia. El intérprete seguía con su corazón endurecido, y debió decirle a Jesús. Me dices que haga lo mismo, pero según tus palabras, yo no puedo. No puedo ir al cielo por mí mismo. No puedo guardar tus mandamientos por mí mismo. No puedo salvarme por mi mismo. Yo necesito al buen samaritano porque estoy perdido. Guardar las obras de la ley no me salva. Reconozco que me burle de ti y te ofendí al llamarte endemoniado samaritano. Pero tú eres el Salvador. Ya no quiero confiar en la ley, quiero confiar en ti, Señor Jesucristo. Pero nunca dijo eso, prefirió confiar en sus obras y seguir rechazando a Cristo.

Ve y has lo mismo, pero no podrás por ti mismo. Si aún no conoces a Jesucristo. Debes reconocer que eres un vil y miserable pecador. Cristo guardo la ley por ti, la ley que eras incapaz de guardar por ti mismo. Cree que Cristo murió por tus pecados en la cruz hace más de 2,000 años. Cristo en la cruz recibió toda la Ira de Dios, Ira que no podías recibir por tus pecados. Cristo resucito para mostrar su poder. Ese poder que obra en su resurrección es el mismo poder que puede obrar en tu salvación. Sin Cristo estás perdido. Él lo hizo todo por ti. Confía en Jesucristo como tu Señor y Salvador. Deja de confiar en tus obras. Deja de confiar en ti mismo. Arrepentirte significa volver de tu mal camino y venir a Dios. Debes aborrecer el pecado en tu vida y creer que Cristo puede salvarte de todos tus pecados. Si ya conoces a Cristo, debes saber que nunca podrás amar a Dios y a tu prójimo como el Buen Samaritano. Porque nunca podrás amar como nos ama Jesucristo. Esto no quiere decir que no vas a esforzarte en amar a Dios y al prójimo. Esto significa que debes reconoces que eres débil, pero Dios te capacita para amar, y es por gracia. No amaras para ganarte la vida eterna. Sino que amas y te esforzarás en amar porque ya tienes la vida eterna.

Espero que este resumen de mi sermón que predique en mi congregación te haya sido de edificación.

Gracia y paz.