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Por Jusan Manco

Bueno, es necesario que aclaremos que muchas cosas en la Escritura no están de manera explícita, pero sí implícita (como por ejemplo la Trinidad que no es mencionada directamente, sin embargo, se encuentra la enseñanza). Cuando hablamos de los dones, antes que nada, debemos recordar que existen dos listados importantes que menciona los dones espirituales uno se encuentra en 1 Corintios 12 y otra en Romanos 12. De aquí debemos ver por qué se menciona cada una de manera separada y por qué difieren los listados. Cuando vemos existen dos maneras diferentes en que el apóstol Pablo trata el asunto, en Romanos manifiesta doctrina (ese es contexto, está de manera indicativo) mientras en Corintios está corrigiendo la mala conducta de ellos, por tanto su tono es correctivo no es en ningún sentido “incentivador” a una práctica aprobada por el apóstol como algunos lo interpretan.

Quisiera añadir bastantes datos importantes, pero me parece que para reducir menciono que la clave del cese de los dones está en el capítulo 13 de 1 Corintios. Luego de haber expuesto acerca del amor que avergonzaba totalmente la acción de los corintios, el apóstol menciona lo siguiente: “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará” (1 Corintios 13:8-10). Aquí se menciona dos cosas importantes: “pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”; es obvio que los mencionados aquí son los tres dones mencionados en 1 Corintios 12 (ya que los capítulos 12 al 14 son una sola sección temática), estos dones, conocidos como dones de comunicación, estaban presentes en la iglesia para transmitir por medio de revelación el propósito de Dios y la doctrina de Jesucristo a la iglesia en formación, como el Señor Jesús prometió en San Juan 14. Ahora, el apóstol utiliza tres dos verbos “césar”, que significa que algo paulatinamente se acabaría, y el otro es acabar, que habla de algo que radicalmente termina. Cada uno de estos dones tendrán un fin, de eso nadie duda; el apóstol menciona después: “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos”; aquí menciona que estas revelaciones son en parte, son una pequeña parte de un todo que vendrá. Es aquí donde menciona cuándo acabarían estos dones: “mas cuando venga lo perfecto”; ¿qué es aquello perfecto que vendría, que es perfecto y determinaría el cese de estos dones? Pues existen distintas posturas frente a este asunto, de las cuales la interpretación correcta es que esto “perfecto” es LA ESCRITURA. “Lo perfecto”, de los griego “ὁ τέλεéος” (“jo téleios”), refiere a un algo, en el sentido más simple, que reemplazaría estas “partes” pues sería el todo. ¿Qué puede haber más perfecto que la Escritura como comunicación del mensaje divino? Pues la Escritura; aunque algunos mencionan que es la venida del Señor, lo cual sería extraño ya que que cuando se menciona sobre el Señor se le denomina “él (persona) perfecto”, además de no estar dentro de una sección en sí escatológica; la Escritura es de quien Pablo está hablando aquí, el mensaje perfecto que vendría en nuestras manos, es lo perfecto, cercano a Dios porque “la PALABRA era Dios” (S. Juan 1:1); como diría el apóstol en una de sus últimas cartas: “TODA LA ESCRITURA es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios SEA PERFECTO, enteramente preparado para toda buena obra”; una vez que la Escritura fue completada, pues ya no habría necesidad de estos dones, y de ninguno de los mencionados en 1 Corintios 12 (que son dones de transición a diferencia de los escritos en Romanos 12 que son permanentes, de ahí que el término “profecía mencionado ahí es en un sentido muy distinto a lo de Corintios). Por tanto, ahí vemos que, al menos estos dones, han cesado ya y no son necesarios, pues “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones (2 Pedro 1:19), Dios nos dé entendimiento en esto para que nuestra vida se centre en la Palabra de Dios que ha sido revelada y no en “revelaciones personales” que no son ni necesarias ni fundamentadas en la Palabra.