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Por Miguel Rodriguez

Resumen del libro: Vinos de la Biblia o leyes de fermentación y vinos de los antiguos (Bible Wines or laws of fermentation and wines of the ancients) de William Patton

Introducción

Mi interés por la causa de la continencia vino como consecuencia de las evidencias que se agolparon sobre mí, como pastor en la ciudad de New York, sobre el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y a la falta de templanza o dominio propio en relación a su uso. El uso de bebidas alcohólicas era entonces generalizado. Las bebidas alcohólicas eran profusamente servidas en las mesas y en todas las actividades sociales; incluso ocupaban un lugar de preeminencia en la mayoría de funerales. Dominaba los lugares de trabajo, y muchos comerciantes las tenían en sus despachos y las ofrecían a sus clientes. Hombres de todas las profesiones caían en sus manos destructoras. Estos y otros hechos impresionaron de tal manera mi mente que determiné tratar el tema en un sermón, así, el domingo 17 de septiembre de 1820, prediqué sobre el tema en base a Romanos 12:2. Después de enumerar todos los hechos que mostraban la falta de templanza, denuncié todas las bebidas alcohólicas como un veneno bebible y su efecto sobre el ser humano.

Poco después, descubrí que una de las razones porqué las bebidas alcohólicas eran tan ampliamente aceptadas y ofrecidas, incluso por ministros del Evangelio, era por la creencia que la Biblia sanciona, o permite, el uso de bebidas intoxicantes. Esta idea se había convertido en una fortaleza inexpugnable a la que, tanto bebedores como defensores de las bebidas alcohólicas y vendedores de ellas, encontraban refugio. Ello me llevó a estudiar el tema a la luz de la Biblia, paciente y cuidadosamente, para saber por mí mismo sus enseñanzas exactas sobre las bebidas intoxicantes.

Analicé cada uno de los pasajes sobre el tema y encontré que se podían agrupar en tres apartados: a) aquellos en los que el vino se menciona sin precisar si hace referencia a una bebida alcohólica o no; b) aquellos en los que se menciona al vino como causa de miseria y es señal del castigo y la ira venidera; c) aquellos en los que el vino es presentado como una bendición, juntamente con el maíz y el aceite, siendo señal de la misericordia y bendición eterna.

Estos resultados me impresionaron mucho y me llevaron al siguiente interrogante: ¿No hablará la Biblia de dos clases de vino? Este pensamiento era nuevo para mí. Pero no me atreví a hablar de ello en público al no encontrar confirmación a mis opiniones, ni en los comentarios ni en las enciclopedias a las que puede acceder. Me mantuve en silencio sobre el tema hasta poder disponer de más luz al respecto.

Treinta y cinco años más tarde, tras revisar los estudios sobre los textos hebreos llevados a cabo por el profesor Seixas, eminente erudito sobre dicha lengua, sometí los resultados de mis estudios sobre el tema a su consideración, rogándole que me diese su opinión imparcial. Él tomó los manuscritos y, unos días después, me los devolvió con el siguiente comentario: “Su creencia sobre que había dos clases de vino son correctos y concuerdan con las escrituras hebreas, que justifican la posición que Ud. defiende”. Fortalecido por estas palabras, ya no me mantuve por más tiempo en silencio, y di a conocer mis convicciones a través de sermones y conferencias.

La verdadera filosofía está basada en hechos bien comprobados, y mientras que estos no cambien la filosofía basada en ellos debe permanecer. Las leyes de la naturaleza son hechos permanentes, en todo tiempo y en todo lugar. La ley de la gravedad y de la evaporación no son iguales en todas partes, sino que también lo son en todas las épocas. Las leyes de naturaleza son tan claramente la expresión de la mente Divina como lo es la Escritura inspirada. El libro de la naturaleza de Dios, con sus leyes maravillosas, y el libro de la revelación de Dios, con sus enseñanzas, deben estar en perfecta armonía al tratan el mismo asunto.

Los que defienden que la Biblia hace “únicamente referencia a vinos fermentados o intoxicantes”, lo hacen de la siguiente manera: “Cuando la palabra es la misma, la cosa a la que se refiere es la misma; si, por lo tanto, vino significa vino intoxicante como en el caso de Noé y Lot, debe significar los mismo cuando David usa la palabra en los Salmos, como en la narración de los Evangelios del cambio del agua en vino”. “Dado que Noé, y otros, se embriagaron con ‘yayin’ (vino), ‘yayin’, por lo tanto, debe significar un licor fermentado”. “La palabra vino, en la Biblia, es innegablemente aplicada a una bebida que intoxicaba a los hombre: por consiguiente, la palabra significa, necesariamente y cada vez que es usada, licor intoxicante”. “La fermentación es la esencia principal del vino”. “Hay solamente una clase de vino, pues el vino se define en los diccionarios como jugo de uva fermentado solamente”.

Estas declaraciones son claras y explícitas. Demasiado resumidas y con una extraña lógica, dan la impresión de que descartan todo interrogante, eliminando cualquier posibilidad de discusión. Pero yo no estoy dispuesto a abandonar al tema por unas declaraciones tan determinantes. Por ello voy a presentar mi argumentación a favor de que la Biblia hable de dos clases diferentes de vino.

En primer lugar presento algunas citas que contradicen las declaraciones expuestas anteriormente. El Dr. Ure, en su Diccionario de las Artes, dice: “El zumo, cuando está recién extraído y antes de que haya empezado a fermentar, es llamado mosto, y popularmente vino nuevo“. La Enciclopedia Chamber, en su sexta edición, dice: “Vino dulce es aquel que todavía no ha fermentado”. La Enciclopedia Rees dice: “Vino dulce es aquel que todavía no ha trabajado o fermentado”. El Dr. Noah Webster dice: “Vino, el jugo de la uva fermentado; mosto, vino extraído de la uva pero sin fermentar”. El profesor Charles Anthon, en su Diccionario de Antigüedades Griegas y Romanas, en el artículo “vinum” dice: “El zumo de la uva dulce y sin fermentar era llamado “gleucos“. Otra autoridad en la materia, el Dr. Williams Smith, en su Diccionario de la Biblia, dice: “El vino, en algunas ocasiones, era preservado en su estado natural, o sea sin fermentar y bebido como mosto. Es muy posible que el vino nuevo se preservara en su estado de mosto poniéndolo en tinajas y enterrando estas en hoyos en la tierra”. Estas autoridades las uso para desaprobar la opinión equivocada de los que hemos citado con anterioridad y su posición de que vino es únicamente vino fermentado. El segundo punto de mi argumentación se basa en las leyes de la fermentación. Las leyes de la fermentación son hechos fijos, que operan siempre de la misma manera, y que requieren las mismas condiciones siempre y en todo lugar. Estas son:

1ª Debe haber sacarina (azúcar) y glutona (levadura).

2ª La temperatura no debe estar por debajo de los 15º ni por encima de los 25º.

3ª El zumo debe tener cierta consistencia. Jarabe pesado no puede pasar a través del proceso de fermentación. El exceso de azúcar es desfavorable a dicho proceso. Por otra parte, la falta de suficiente azúcar o el exceso de agua incidirían en la cantidad de sacarina necesaria para producir un licor que pueda aguantar y que entonces, por falta de energía, la fermentación vinosa se convierta en una fermentación acetosa.

4ª La cantidad de glucosa (glutona) o levadura también debe estar bien regulada. Tanto su exceso como su falta impiden la fermentación.

En consecuencia, las condiciones indispensables para la fermentación vinosa son: azúcar, levadura y agua en las proporciones exactas, y una temperatura atmosférica entre 15 y 25 grados.

  1. Algunas citas.

Count Chaptal, el eminente químico francés, dijo: “La naturaleza nunca forma licores destilados; ésta pudre la uva en la rama; pero es un arte convertir el jugo en vino (alcohólico)”. El profesor Turner, en su libro de química, dice del alcohol: “Este no existe formado en las plantas, sino que es un proceso de la fermentación vinosa”. Adam Fabroni, un escritor italiano nacido en 1732, dijo: “El zumo de uva no fermentada en la misma parra”.

El sabor natural es dulce.

El sabor dulce es agradable al paladar de los niños recién nacidos. A los jóvenes, tanto como a los de mediana edad y a los ancianos, les encanta el sabor dulce. Este sabor nunca muere. En armonía con esta verdad encontramos que hay una gran variedad de cosas dulces en la dieta del ser humano. Como es cierto lo del sabor universal, también es cierto que las personas de climas calurosos (como Palestina y toda la región Mediterránea) tienen un deseo intensificado por las cosas dulces. Es un hecho ampliamente probado que los orientales tienen pasión por las comidas y las bebidas dulces.

El alcohol, en todas sus combinaciones, no es algo natural para el paladar; su sabor es repugnante universalmente para el paladar, y solo se vuelve agradable por su uso continuado.

La preservación de los frutos

La uva y otros frutos eran muy importantes en la dieta de los antiguos, por esa necesidad ellos inventaron formas para mantenerlas frescas. Josefo, en el libro “Guerras de los Judíos”, hace mención de la fortaleza de Masada, que fue destruida por Herodes: “Allí había maíz en grandes cantidades, y cosas que mantendrían a las personas allí refugiadas vivas por largo tiempo. También había vino y aceite en abundancia, con todo tipo de legumbres y dátiles, todo amontonado junto. Estos frutos estaban todos frescos y maduros, y en nada eran inferiores a los frutos recién recogidos, aunque llevaban poco menos de cien años en su lugar de almacenamiento”.

Swinburn dice: “En España tienen también el secreto de preservar las uvas sanas y jugosas de un año para otro” (Comentario Bíblico, p. 278).

Mr. E. C. Delavan cuanta que cuando él estuvo en Florencia, Italia, Signer Pippini, uno de los fabricantes de vino más importante, le dijo: “Que él tenía en su desván, para el uso de su mesa hasta la próxima cosecha, una cantidad de uvas suficiente para hacer cuatrocientos litros de vino; que uvas siempre se podía obtener en la cantidad deseada y en cualquier época del año_ Signor Pippini envió una hermosa cesta de uvas a mi aposento, las cuales eran tan frescas como recién cortadas de la parra, aunque estas habían sido cortadas hacía varios meses” (Comentario Bíblico, p. 278).

Como evitar la fermentación

El profesor Donovan, en su libro sobre economía doméstica, menciona tres métodos a través de los que se puede evitar la fermentación:

1º Extrayendo todo el aire del recipiente en que está el zumo de la uva no fermentada.

2º Hirviendo el zumo, o en otras palabras, evaporando el agua; la substancia que queda se convierte en jarabe, el cual si es muy espeso no fermenta.

3º Si el zumo es colado y separado de la levadura, la producción de alcohol es imposible (Anti Bacchus, p. 162). El Dr. Ure, un eminente químico francés, dice que la fermentación puede ser evitada como sigue (Anti Bacchus, p. 225):

  1. Haciendo la levadura inoperante, particularmente con aceites que contengan azufre, como el aceite de mostaza, así como con los ácidos sulfúricos.
  2. Separando la levadura a través de un proceso de colación.
  3. Bajando la temperatura a 12º. Las inalterables leyes de la naturaleza, las cuales son las leyes de Dios, enseñan estos hechos decisivos:
  • Los zumos muy dulces o jarabes espesos no pueden experimentar la fermentación vinosa.
  • La fermentación directa o inevitable de los jugos dulces en los climas calurosos, en temperaturas superiores a los 35º, es acetosa.
  • Para conseguir una fermentación vinosa la temperatura ha debe mantenerse entre los 15 y 25 grados, y es necesaria la proporción exacta de azúcar, levadura y agua.
  • Toda fermentación puede ser evitada excluyendo el aire, por ebullición, mediante filtrado, por evaporación y por el uso de azufre.

¿Usaban los antiguos métodos para preservar los zumos dulces?

Agustín Calmet, el erudito autor del Diccionario de la Biblia, dice: “Los antiguos poseían el secreto para preservar los vinos dulces todo el año”. Si estos hubieran sido vinos alcohólicos se habrían preservado por sí mismos, el hecho peculiar era preservarlos como zumos dulces. La química nos enseña que, por la dulzura de los zumos y el calor climático en el tiempo de la vendimia, la fermentación vinosa es imposible, y que, a menos que sea evitada como algún método, la fermentación acetosa comienza rápida y ciertamente.

En la antigüedad se conocían y practicaban cuatro formas de preservación, las cuales han sido confirmadas por la química moderna, y que son: hirviendo o condensando, la filtración, la decantación y la fumigación.

Hirviendo o condensando.

Mediante este proceso el agua es evaporada, dejando así tan cantidad de azúcar que evita la fermentación.

Herman Boerhave, en su obra “Elementos de Química”, dice: “Por la ebullición, las uvas más dulces pierden todas sus aptitudes para la fermentación, y pueden preservarse después de años sin que tengan que ira a través de otros cambios” (Dr. Nott, Edición de Londres, p. 81).

El arzobispo Petter, en su libro “Antigüedades Griegas”, dice: “Los lacedonios acostumbraban a hervir sus vinos sobre el fuego hasta que la quinta parte era consumida; después de que habían transcurrido cuatro años empezaban a beberlo” (Vol. II, p. 360).

Aristóteles dice: El vino de Arcadia era tan espeso que era necesario rascarlo de la vasijas de cuero y las rascaduras diluirlas en agua” (Comentario Bíblico, p. 295).

Columella y otros escritores contemporáneos de los apóstoles dicen: “En Italia y Grecia era común hervir el vino” (Dr. Nott).

La Mishná relata que los judíos tenían el hábito de usar vinos hervidos. “La producción de un licor intoxicante no era nunca la razón principal por la cual las uvas eran cultivadas por los judíos. Estas, juntamente con el pan, frutas y olivas, eran lo más esencial para la preservación de la vida” (Kitto, vol. II, p. 477).

El arte de la destilación era desconocido para los antiguos, no fue descubierto hasta el siglo IX.

Filtración.

Mediante la filtración la levadura es separada del zumo de la uva. Aunque el jugo pasa a través del colador, la levadura queda en éste y, separados el jugo de la levadura, dejan de existir las condiciones necesarias para la fermentación.

Los escritores antiguos, cuando hablaban de remover el potencial de la capacidad fermentativa del vino, usaban palabras tan fuertes como: eunuchrum (eunuco), castratum (castrar), effoeminatum (afeminar), expresando con ello la rudeza del proceso por el cual toda fermentación era impedida. Plutarco, nacido en el año 60 d.C., en su obra “Symposium”, dice: “El vino es presentado como viejo o sin fuerza cuando es colado frecuentemente. Al ser excluida la fuerza o destilación, el vino ni inflama la mente ni infecta las pasiones, y es mucho más agradable su sabor” (Comentario Bíblico, p. 278). Plinio, contemporáneo de Plutarco, dice: “Para todos los enfermos el vino es más provechoso cuando ha perdido su fuerza por el colador”.

Decantamiento.

La ciencia química enseña que la levadura puede ser separada tan eficazmente del zumo de uva por el proceso de decantamiento que la fermentación puede evitarse. La levadura, como es más pesada que el zumo, se va abajo por su propio peso, si toda la materia es suspendida en su proceso fermentativo por un tiempo limitado. La química nos dice que si el zumo de uva se mantiene a una temperatura de 12º no fermenta. Si el zumo de uva se mantiene frío, desprovisto de levadura por decantación, al irse esta al fondo del recipiente por su propio peso, no puede fermentar.

Fumigación.

El Dr. Ure menciona que la fermentación puede evitarse por la aplicación de substancias que contienen azufre o ácido sulfúrico. La operación consiste en provocar la absorción del oxígeno, mediante lo cual se impide la acción de las partículas de levadura. El Diccionario de Miller Gardener, en el artículo sobre el vino, dice: “La forma de preservar el vino nuevo, en estado de mosto, es poniéndolo en pequeñas vasijas fuertemente cerradas por todas partes; de esta manera es guardado de la fermentación. Pero si ocurriera que éste empezara a fermentar, la única forma de detener la fermentación es mediante gases sulfúricos“.

A través de estos cuatro métodos hay una sola cosa que se pretende: preservar el zumo de la uva dulce y sin fermentar.

  1. ¿Llamaban los antiguos vino a ese zumo sin fermentar?

En todas las citas a las que hemos hecho alusión en las páginas anteriores, encontramos que todos los escritores llamaban al zumo de uva vino, sea hervido, filtrado, decantado o fumigado.

Vino con agua

Existe abundante evidencia de que en la antigüedad se mezclaba el vino con agua. La razón para esa mezcla no era la alta graduación alcohólica de tal vino, que requeriría rebajarlo, sino porque era espeso como un jarabe y necesitaba ser diluirlo para poder beberlo. La cantidad del agua estaba regulada por la riqueza del vino y la época del año.

Cuando los escritores antiguos hablan de las costumbres domésticas de la antigüedad hacen referencia a esta costumbre. Según la época se utilizaba para diluir el vino agua caliente, templada o fría. Hesiodo prescribía tres partes de agua y una de vino, durante los meses del verano. Nicómenes consideraba como apropiado dos partes de vino por cinco de agua. Y según Homero, los vinos pranianos y meronianos requerían veinte partes de agua por una de vino (Comentario Bíblico, p. 17).

El capitán Treat dice: “El vino sin fermentar es preferido sobre cualquier otro en el sur de Italia, y es bebido mezclado con agua”. Finalizaremos está sección con dos pasajes Bíblicos, que nos hablan de las mixturas o mezclas:

“La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas. Mató sus víctimas, mezcló su vino, y puso su mesa_”. “Venid, comed mi pan, y bebed mi vino que yo he mezclado”. (Proverbios 9:1-2, 5 RVR). 

“Más Dios es el juez; a éste humilla y a aquél enaltece. Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura; y él derrama del mismo; hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra”. (Salmo 75:7-8).

Vemos dos vinos, uno para los sabios y otro para los impíos. Las conclusiones a que nos llevan estas diferentes pruebas son las siguientes:

1ª Las bebidas sin fermentar existían y eran bebidas comunes entre los antiguos.

2ª Para preservar sus dulces jugos, en unos climas tan calurosos, se recurría a la ebullición y otros métodos, los cuales impedían la capacidad y la acción de la levadura o separaba ésta del zumo de uva.

3ª Estas bebidas sin fermentar eran llamadas vinos, eran de uso común y altamente estimadas.

III. Qué dicen las Sagradas Escrituras

El tercer punto de mi argumentación en defensa de dos clases de vino en la Biblia son las mismas Escrituras.

Hemos de tener constantemente en mente que nuestra versión de la Biblia fue traducida cuando el uso de las bebidas alcohólicas era aceptado universalmente. En aquel tiempo los cristianos, hombres respetables y pensadores no habían centrado su atención en la influencia perniciosa de las bebidas alcohólicas. Aunque existían borrachos, no se trabaja en la prevención ni el tratamiento de ellos. Las borracheras eran consideradas un incidente negativo de la hospitalidad y de la alegría social.

Los traductores de la Biblia, con honestidad, fidelidad y según sus capacidades, vertieron a nuestra lengua los Escritos Sagrados, pero fueron inintencionada e inconscientemente influenciados por la filosofía y el uso normal de las palabras de su tiempo. Igual como los ríos llevan en sus aguas aquellas materias que evidencian las cuencas que han recorrido y las clases de tierra que han atravesado, así los traductores interpretan según usos y costumbres que evidencian las corrientes y formas de pensar de su tiempo. De esta manera inocente y natural, significados oscuros se han dado a diferentes pasajes.

Con ello no queremos desacreditar ni debilitar la confianza en la Palabra de Dios. Pero debemos recordar al lector que solamente el texto original de las Escrituras es inspirado, y que ninguna traducción ni interpretación humana es la autoridad definitiva.

Palabras genéricas hebreas.

El profesor M. Stuart, en su carta al Dr. Nott, de febrero de 1848, dice en la página 11; “En la Escritura (hebrea) solamente hay dos palabras para designar aquellas bebidas que pueden ser de naturaleza intoxicante, cuando son fermentadas, y que no lo son antes de la fermentación. En las Escrituras Hebreas la palabra yayín (Nyy), en su significado más amplio, describe alzumo de uva o al líquido que se extrae del fruto de la parra. Este puede ser nuevo o viejo, dulce o agrio, fermentado o sin fermentar, intoxicante o no tóxico. La simple idea de zumo de uva o vino alcohólico es la base y esencia de la palabra en cualquiera de las conexiones en que se encuentra.

El sentido específico que tenemos que aplicar a la palabra está en conexión con el contexto en que se encuentra y no en la misma palabra.

El Dr. Murphy, profesor de hebreo en Belfast, dijo: “Yayín denota todos los estados del zumo de uva”.

“Yayín (escrito algunas veces como yin, yain o ain) se usa para nombrar al zumo de uva, fermentado o sin fermentar; se emplea ciento cuarenta veces en el Antiguo Testamento” (Comentario Bíblico, apéndice B, p. 412).

Shekar (rkv). Según el profesor Stuart esta palabra tiene el mismo significado (p. 14), pero se aplica a un licor diferente. Esta palabra hebrea es traducida generalmente como “bebida fuerte” (en la KJV). La idea original de shekar es la de un licor obtenido de dátiles u otros frutos, exceptuando la uva.

Tanto “yayín” como “shekar” son dos palabras genéricas. La primera refiere a una bebida derivada del vino, sea de la clase que sea; mientras que la segunda hace referencia a una bebida extraída de dátiles u otros frutos, así como de la cebada o del mijo. Ambas bebidas tienen el principio de la sacarina, y por lo tanto se pueden convertir en alcohólicas. Pero también pueden mantenerse y usarse en su estado sin fermentar.

Los eruditos bíblicos concuerdan en que la palabra griega oinos, oinov, es el equivalente de la palabra hebrea yayin, o sea, que se aplica al zumo de uva ya sea fermentado como sin fermentar. “Oinos” es la palabra que la Septuaginta, traducción al griego del Antiguo Testamento hebreo, traduce por la hebrea “yayin”. El Dr. Stuart dice: “En el Nuevo Testamento “oinos” corresponde exactamente a la palabra “yayin”.

En latín existe la palabra vinum, que significa lo mismo que la griega “oinos” y la hebrea “yayin”, y de donde deriva nuestra palabra “vino”. Todas estas cuatro palabras referirían genéricamente  al jugo de la uva fermentada o sin fermentar.

John Stuart Mill, en su libro “System of Logic”, dice: “Un término o palabra genérica está siempre sujeta a ser limitada a un solo significado si las personas tienen ocasión de usar ese significado más asiduamente que otros significados que la palabra pueda tener. La fuerza de la costumbre arrastra la palabra a la playa de un significado en particular, después se retira y la deja allí”.

¿No será esto lo que ha pasado con la palabra ya “yayin”, “oinos”, “vinum” y “vino”? ¿No habrá así quedado limitado el significado a “vino alcohólico, cuándo realmente tiene otros significados más provechosos y edificantes para el hombre?

La clasificación de los textos bíblicos.

El lector bíblico cuidadoso habrá notado que en ciertas ocasiones se menciona en la Biblia la palabra vino simplemente, sin ninguna aclaración en el contexto que determine su carácter. Habrá observador que en otras referencias se denota claramente el carácter negativo de la bebida. Y, por último, existen otros pasajes en que se designa con un carácter claramente positivo.

  1. Vinos malos.

Un grupo de pasajes se refiere al vino como:

  1. a) causa de intoxicación. Esto no necesita ninguna argumentación.
  2. b) causa de violencia y maldición.

Porque comen pan de maldad, y beben vino (yayin) de robos”. (Proverbios 4:17 RVR). 

“¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino (yayin), para los que van buscando la mistura”.

(Proverbios 23:29-30 RVR).

  1. c) causa de seguridad en sí mismo y falta de necesidad de Dios.

Venid, dicen, tomemos vino (yayin), embriaguémonos de sidra (shekar);  y será el día de mañana como este, o mucho más excelente”.

(Isaías 56:12 RVR)

“Y también, el que es dado al vino (yayin) es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y junto para si todos los pueblos”.

(Habacuc 2:5 RVR).

“Porque también éstos erraron con el vino (yayin) y con sidra (shekar)” se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con sidra (shekar), fueron trastornados por el vino (yayin); se aturdieron con la sidra, (shekar) erraron en la visión, tropezaron en el juicio”.

(Isaías 28:7 RVR).

  1. d) venenoso y destructivo.

“No mires al vino (yayin) cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor. Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades. Serás como el que yace en medio del mar, o como el que está en la punta de un mastelero. Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; me azotaron, mas no lo sentí; cuando despertare, aún lo volveré a buscar”.

(Proverbios 23:30-35 RVR).

“Veneno de serpientes es su vino (yayin), y ponzoña cruel de áspides”.

(Deuteronomio 32:33).

“En el día de nuestro rey los príncipes lo hicieron enfermar con copas de vino (yayin); extendió su mano con los escarnecedores”.

(Oseas 7:5).

¡Ay del que da de beber al prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas  (shakar) para mirar su desnudez!”.

(Habacuc 2:15).

Nótese como es calificado a ese vino: hiel, veneno, mordedura de áspid_

La descripción bíblica y las enseñanzas de las verdades físicas concuerdan perfectamente. El alcohol es certificado por miles de ilustraciones como un veneno para el ser humano.

El Doctor William Parker, en su conferencia sobre el tratamiento de los borrachos crónicos, hizo la siguiente pregunta: “¿Qué es el alcohol? La respuesta es: un veneno; así está considerado por los mejores escritores y profesores en toxicología. Me refiero a Orfila, Christison y otros, quienes lo califican como arsénico, corrosivo sublimado y ácido prúsico_ Al igual que estos venenos, cuando es introducido en el sistema, es capaz de destruir la vida sin necesidad de ningún mecanismo_ Una tercera parte de las muertes ocurridas en la ciudad de New York (o en cualquier otra ciudad) ocurren debido a las bebidas alcohólicas directa o indirectamente”.

No es de extrañas, entonces, que la Biblia llame a este vino “escarnecedor”: “El vino (yayin) es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio” (Prov 20:1); y levanta una fuerte protesta contra los que lo usan llamándoles “no sabio”. Además, la Biblia dice que muerde como una serpiente y da dolor como picadura de áspid.

  1. e) Condena a los que lo usan de forma excesiva.

“Ay de los que son valientes para beber vino (yayin), y los fuertes para mezclar bebida” (Is 5:22).

“Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni lo maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Cor 6:10).

  1. f) Es un emblema de castigo y ruina eterna.

“Has hecho ver a tu pueblo cosas duras; nos hiciste beber vino (yayin) de aturdimiento” (Sal 60:3).

“Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino (yayin) está fermentado, lleno de mistura; y él derramará del mismo; hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra”” (Sal 75:8).

Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz del aturdimiento bebiste hasta los sedimento”_ Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz del aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás” (Is 51:17, 22).

“Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino (yayin) de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a las cuales yo te envío” (Jer 25:15).

  1. Vinos buenos.

Ahora con un sentido de placer indecible, quiero pasar a los pasajes que presentan el vino, yayin, como aprobación divina porque el carácter de su contexto es bueno.

  1. a) Este vino es presentado en el altar como una ofrenda a Dios.

“de aceite, de mosto y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presentarán a Jehová, para ti las he dado” (Num 18:12,14).

“que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades”_ “Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios” (Neh 10:37, 39).

“y les había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes”_ “Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes” (Neh 13:5, 12).

“Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda a Jehová”(Lev 2:11).

“No ofrecerás con pan leudo la sangre del sacrificio, ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana” (Ex 23:18).

“No ofrecerás cosas leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de las pascua” (Ex 34:25).

“No se cocerá con levadura; la he dado a ellos por su porción de mis ofrendas encendidas; es cosa santísima, como el sacrificio por la culpa” (Lev 6:17).

“Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomada la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa” (Lev 10:12).

Como todos los demás productos ofrecidos en adoración eran de forma natural puros e inofensivos; siendo que todos ellos son esenciales para la vida y el bienestar del ser humano, parece una cosa extraña que el vino tuviera que ser diferente y la única excepción.

  1. b) Este vino está clasificado con las bendiciones y las cosas más necesarias de la vida.

Cuando el patriarca Isaac bendijo a su hijo Jacob en Génesis 27:28, le dijo: “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto”. Estos eran el don directo de Dios. Esta promesa de bendición y sostenimiento de las cosas necesarias, es repetidamente dado por Dios a Su pueblo.

“Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?” (Gn 27:37).

“Y te amará, te bendeciré y te multiplicará, y bendeciré el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría” (Dt 7:13).

“yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” (Dt 11:14).

“Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Prov. 3:10).

(La palabra mosto, proviene de otra palabra genérica hebrea: Tirosh).

La bendición será completa cuando tengamos el vino Milenial del Señor:” los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” (Jl 3:18). Abundancia de bendiciones. Estas bendiciones son productos de la tierra, puros y sin ser dañinos para el hombre, necesarios para subsistencia y felicidad de este. ¿Podemos clasificar el vino intoxicante, el cual es un emblema de la ira de Dios y de la ruina eterna del hombre entre las bendiciones dadas por Dios? Más todavía, el Salmo 104:14-15 dice: “El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombres, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre”. Y en Jueces 9:13 leemos: “Y la vida les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?”.

Obviamente el mosto (tirosh) o vino (yayin) que puede alegrar el corazón de Dios no es el vino considerado como “escarnecedor” y creado por el arte del hombre, sino el natural, creado con Su propio poder y es el don de Su bondad.

  1. c) Este vino es el emblema de bendiciones espirituales.

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y a los que no tienen dinero, venid, comprar y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isa 55.1).

Parece incongruente decir: Venid y comprad leche y bebedla en abundancia, refiriendo a una cosa nutritiva e inofensiva, y luego decir: Venid y comprad vino (yayin), una bebida intoxicante, la cual si es bebida en abundancia despierta el apetito del borracho y nos deja fuera del cielo. ¿Podría Dios hacer del vino intoxicante un emblema de las bendiciones espirituales que aseguran paz, bienestar y prosperidad en esta vida, y prepara a los que las reciben para la vida futura? Con esto en mente leamos los siguientes versículos:

“y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” (Sal 104:15).

“Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” (Jue 9:13).

“Y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos” (Cnt 7:9).

“Mató sus víctimas, mezcló su vino, y puso su mesa” (Prov 9:2).

“Yo vine a mi huerto, oh hermosa, esposa mía; he recogido mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido” (Cnt 5:1).

¿Puede Dios hacer una invitación como ésta a aquellos que ha redimido y después llamar al vino “escarnecedor”?

  1. d) Este vino es el emblema de la copa de la redención mediante la cual tenemos el perdón de los pecados y las bendiciones eternas.

En la institución de la Cena del Señor, según encontramos en Mateo 26:26-28 y Marcos 14:22-24, el Señor Jesús tomó la copa diciendo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

El pan y el vino aparecen otra vez unidos aquí como bendición, al igual que en otras escrituras, pero en concreto aquí como emblemas de la manifestación más maravillosa del amor de Dios hacia el hombre. El Apóstol Pablo hace referencia a este mismo hecho en 1 Corintios 10:16, diciendo:“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”. Y el mismo Señor termina la institución de la Santa Cena con estas palabras: “Y os digo que desde ahora no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mt 26:29).

En todos los pasajes en que se hace mención al vino nuevo, no encontramos ni un rasgo de aviso ni de intimidación de peligro, ni una insinuación de desaprobación, sino siempre de aprobación.

El contraste entre los dos es bien marcado y definido:

El uno es causa de intoxicación, violencia y maldición; el otro produce confortamiento y paz.

El uno es causa de destrucción propia y falta de fe en Dios; el otro es símbolo de devota ofrenda, de pureza en el altar de Dios.

El uno es símbolo de la ira de Dios; el otro símbolo de las bendiciones espirituales.

El uno es emblema de condenación eterna; el otro emblema de eterna salvación.

“La distinción en la calidad entre el vino bueno y el malo es tan clara como la calidad entre el hombre bueno y el malo, o entre la esposa mala y buena, o entre los espíritus malignos y los buenos. Porque uno es el sujeto constante de aviso, literalmente “veneno” análoga y figurativamente, mientras que otro es reconocido y recomendado por sus características refrescantes e inocentes, naturales del vino sin fermentar” (Apéndice de Lee, p. 232).

Los pasajes en el Nuevo Testamento.

“El Dr. Patton en su libro discute detenida y detalladamente cada uno de los pasajes donde aparece la palabra vino. La base de su refutación es que, en la mayoría de los pasajes, el vino es considerado como un producto de glotonería y su uso es para traer placer voluptuoso a la persona que lo usa. Si en algún pasaje parece haber una concesión sobre su uso esta es hecha como en lo que hace referencia al uso de carne, dinero o cualquier otra cosa que puede ser usada voluptuosamente y que intrínsecamente no es buena ni mala. La palabra que se usa en casi todos los casos es la genérica “oinos“, la cual no dice si hay o no alcohol. Para no entrar en la detallada explicación de cada pasaje se traducen las explicaciones que el Dr. Patton da de tres pasajes claves del Nuevo Testamento: el que refiere a Cristo como comilón y bebedor (Mt 11:18-19); el que relata la institución de la Cena del Señor (Mt 26:26-28), y el relato de las bodas de Caná (Jn 2:1-11)”. (Nota del traductor).

  1. Cristo acusado de ser comilón y bebedor.

Mateo 11:18-19: “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores”.

En los versículos que preceden a estos, el Salvador ilustra el espíritu de contradicción y de falta de razonamiento de aquellos que tenían determinado no encontrar nada bien y que solo buscaban alguna falta, en cualquier cosa y circunstancia. “Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis”(Mt 11:16-17). Cristo aplica esta ilustración directamente en relación a lo que aquella generación pensaba acerca de Juan el Bautista y de El mismo.

Juan era nazareno y rígidamente sujeto a los requerimientos de dicho estado. Cuando observaron su austera abstinencia, hábitos peculiares, ruda vestimenta y sus denuncias directas, no les agradó y lo despacharon con el comentario: “Demonio tiene”. Cuando vieron a Jesús, cuya misión era totalmente diferente a la de Juan, y observaron que no practicaba ninguna clase de austeridad sino que vivía como cualquier otro hombre, relacionándose socialmente incluso con los más indeseables, tampoco quedaron contentos y dijeron: “He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores”. Es en esa autoridad, o con relación a esta clase de personas, que los que defienden el vino alcohólico dicen que Cristo acostumbraba a usar esa clase de bebida. Nótese que la misma clase de autoridad que era un “bebedor de vino”, también dijo que era un “comilón”. Cuando dicen esto, lo dicen con desprecio porque se juntaba con “publicanos y pecadores” -pero esto no implica que el vino (oinos) fuera fermentado. Estos mismos, en Juan 8:48, acusan a Jesús de que “tiene demonio”. Si creemos las primeras acusaciones por la autoridad de sus enemigos, también hemos de creer las segundas por la misma autoridad. Hemos de recordar que estos, sus enemigos, querían torcer su carácter para destruir su influencia. Estos consideraron, acertadamente, que la acusación de “bebedor de vino” ya implicaba borrachera o sensualidad, era la acusación más dañina para su influencia como maestro (Rabí) religioso y reformador. También hemos de recordar que sus enemigos no tenían escrúpulos, eran malignos y no eran famosos, precisamente, por su carácter veraz.

El Dr. John Owen dice: “Como vino era una bebida común en aquella tierra de vides, nuestro Señor posiblemente lo bebió en su estado natural sin fermentar”. El Señor no se desvió de su camino y trabajó para limpiarse de las acusaciones que la maldad y falsedad trajeron contra él. Él dijo simplemente: “la sabiduría es justificada por sus hijos”;[2] esto es: Mi obra y carácter me protegerán del poder de todas las acusaciones falsas. Aquellos que me conocen no serán afectados por ellos y los que no me conocen no cesarán de calumniarme.

  1. La institución de la Cena del Señor.

Mateo 26:26-27: “Y mientras comía, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomada, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

Habiendo terminado la Pascua, nuestro Señor “tomó el pan”, sin levadura, pan sin fermentar, y lo bendijo. Esto era siempre hecho en la Pascua, y Cristo lo transfirió a la Santa Cena. Entonces lo entregó a sus discípulos como símbolo de Su cuerpo. Después tomó la copa y dio gracias. Esto se hizo en la Pascua al dar la tercera copa. De la misma manera que el pan, la copa también fue transferida por Cristo a la Santa Cena, y dada a sus discípulos como símbolo de su sangre, “derramada para la remisión de los pecados”. El pan y la copa eran usados indiscriminadamente, en cuanto a su carácter, el uno del otro. Para estar en armonía con el pan, la copa también tenía que ser sin fermentar. Fue en pan y el vino de la Pascua los que usó Jesús.

En Éxodo 12:8, 15, 17-20, 34, 39 y en otros pasajes, toda levadura es prohibida en la fiesta de la Pascua por siete días. La prohibición de la presencia y uso de toda clase de productos fermentados, estaba bajo la sentencia de “ser cortado de Israel” (v.15). El profesor Moses Stuart dice: “La palabra hebrea khahmtyz, usada en estos textos, significa cualquier cosa fermentada. Toda levadura o fermentación era excluida de las ofrendas de Dios (Levítico 2:13-14). La gran mayoría de los judíos han comprendido siempre que esta prohibición se extiende al vino fermentado o sidra, tanto como al pan. La palabra que designa la fermentación del pan o de licores es esencialmente la misma”.

Debido a su significado de corrupción, la levadura era prohibida en los sacrificios realizados a Dios. Éxodo 34:25 dice: “No ofrecerás cosa leuda junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua”. Si la levadura no estaba permitida en los sacrificios, que eran tipos de la sangre redentora de Cristo, ¿cuánto más lo será una violación del mandamiento el permitir la levadura, o aquello que ha sido fermentado, como símbolo de la sangre de la redención? No podemos imaginar que el Señor, omitiendo un mandamiento tan claro y positivo, admitiera la levadura en el elemento que iba a perpetuar la memoria del sacrificio de Sí mismo a Dios, y del cual todos los otros sacrificios habían sido un tipo.

El Salvador no usa “oinos“, la palabra que normalmente es traducida como vino y que incluye el jugo de la uva en todos sus estados, sino que usa la frase “gennhmatov thv ampelou”, “este fruto de la vid”. Y dijo que no lo bebería más “hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi padre”.

¿Habrá vino fermentado en el reino de los cielos, dónde no pueden entrar los borrachos? ¿Practicaremos allí moderación o santidad total?

  1. El milagro de las bodas de Caná.

Juan 2:1-11: “Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él”.

El hecho que se distingue en este pasaje es que Cristo convirtió el agua en vino. La palabra griega es “oinos“, y muchos pretenden hacer creer que este vino era alcohólico e intoxicante. Pero como “oinos” es una palabra genérica, que incluye a toda clase de vinos, todos los estados del zumo de la uva y en ocasiones incluso el racimo, la cepa o la vida, es presuntuoso afirmar rotundamente que este era intoxicante. Como la narrativa bíblica guarda silencio respecto a este particular, el carácter del vino solo puede ser determinado por las circunstancias asociadas a la ocasión, la materia usada, la persona que hace el vino y la influencia moral del milagro.

La materia usada fue agua, el mismo elemento que dejan caer las nubes, el cual las vides absorben de la tierra por las raíces y convierte en jugo en las uvas. La persona que realizó el milagro fue Jesucristo, el mismo que en el principio creó todas las cosas y estableció las leyes por las que la vid toma el agua y la convierta en zumo puro, sin fermentar.

El vino que la familia había provisto había sido usado en su totalidad, y la madre de Jesús le informó de este hecho. Él ordenó que las seis tinajas fueran llenas de agua, hecho esto ordenó que se sacase una muestra y se llevase al maestresala. Este dijo que el vino era muy bueno. La influencia moral del milagro se determina por el carácter del vino. En este punto es correcto preguntarse: ¿No es degradatorio para el carácter de Cristo y las enseñanzas de la Biblia el suponer que Él ejerció su poder de hacer milagros para producir quinientos (según Alford) o doscientos cuarenta (según Smith) litros de vino intoxicante? ¿No sería ese vino que se produjo a través de ese milagro demasiado alcohol para los convidados, los cuales suponemos que eran judíos piadosos, pues eran amigos de María y Jesús? ¿No sería ese vino el llamado por Dios en el Antiguo Testamento “escarnecedor”, comparando sus efectos a la mordedura de serpientes y áspides venenosos? ¿No ha sido ese vino escogido por el Espíritu Santo como emblema de la ira del Dios Todopoderoso?

Pero si ese vino no es alcohólico, ¿dónde está el milagro? En Mateo 15:34 leemos que Jesús dio de comer a cuatro mil personas, en Marcos 6:38 leemos que dio de comer a cinco mil; en ambos casos usó solamente unos pocos panes y peces, recogiendo después de haber comido todos cestas llenas de los trozos que sobraron.

En estos casos, Jesús hizo instantáneamente lo que por las leyes de la naturaleza, que el mismo estableció, hubiera tardado meses. Así fue con el pan y así fue con el vino. Cristo, por su poder sobrenatural y con una rapidez que los humanos no podemos entender, produjo la conversión del agua en “la sangre pura de la vid”, la cual, según las leyes que el estableció, tiene lugar cada año mediante la absorción de la vida del agua de la tierra y la transformación de esta en zumo puro y no fermentado ni intoxicante, en los racimos maduros que vemos en las vides.

De este vino natural y no fermentado leemos en el Salmo 104:14-15: “El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre”. Este vino es hecho por un acto directo de Dios, mediante la ley que hace que la vid absorba el agua de la tierra y la transforme en zumo natural en los hermosos racimos de la vid.

“El vino es escarnecedor”. Esta es la palabra de Dios. Nadie pone en duda que aquí se refiere al vino intoxicante. Pero, ¿por qué lo llama Dios escarnecedor? Seguro que no es porque cuando se bebe es exceso es dañino. La carne de ternera también es dañina cuando la comemos en exceso. ¿Es la carne de ternera escarnecedora? Creo que todos hemos de estar de acuerdo en que el vino es escarnecedor por sus característica implícitas, ese “algo” en el vino mismo por el que sus consumidores son inducidos al exceso. Ese “algo” es el alcohol, que engaña al hombre. Sus efectos son graduales, casi imperceptibles. Este es seductor y traicionero, y hace caer al mejor y más noble de los hombres, si no están prevenidos.

En la antigüedad, por lo tanto, hubo dos clases de vinos diferentes. Uno era dulce, agradable, refrescante, sin fermentar; el otro era excitante, inflamador, intoxicante. Ambos eran llamados “vino”. Es natural decir de uno, que “en él hay bendición” y “pone alegre el corazón”; como del otro, que “engaño hay en él” y “trae maldición y dolor”. Ahora no hay dificultad para comparar Escritura con Escritura. La Biblia no endosa el uso de bebidas alcohólicas; no pone ningún arma en las manos de los bebedores y vendedores de bebidas alcohólicas.