Existe la creencia popular de que los niños no tienen la capacidad cognitiva para poder entender el Evangelio de Jesucristo con claridad luego de haberlo escuchado. Sin embargo, debemos recordar que la comprensión del Evangelio no depende de la capacidad cognitiva del niño o del hombre, sino de la regeneración espiritual que viene de Dios. Caso aparte, sería aquellos casos en donde se tiene a personas con deficiencia mental sumamente grave, lo cual, en esta publicación no hablaremos de aquellos casos. Caso aparte, también sería aquellos casos en donde se tiene a bebes sin la capacidad cognitiva desarrollada completamente, lo cual, en esta publicación tampoco haremos referencia a estos casos.

Como cristianos, debemos creer a la Palabra de Dios cuando dice en Romanos 10:17 que la fe viene por oír la Palabra de Dios. Es decir, Dios puede obrar para salvación en las personas a través de la predicación del Evangelio.

Por lo tanto, si Dios obra para salvación, los niños pueden entender la doctrina del sacrificio expiatorio, único y perfecto de Jesucristo. Y es que el mensaje Evangelio es sencillo de explicar.

Cómo padres debemos predicarles el Evangelio a nuestros hijos y no descansar hasta que ellos conozcan y confíen en el Evangelio para salvación de sus almas.

Nuestro mayor esfuerzo como padres no debe estar enfocado únicamente en darles nuestros hijos cosas materiales, aunque estas cosas puedan ser lícitas y necesarias. Sin embargo, nuestro mayor esfuerzo debe estar enfocado en que ellos conozcan a Cristo. Para ello es necesario enseñarles su necesidad de un Salvador, esto debemos hacerlo ya sea desde el papel de padres de familia o desde el papel de predicadores de una Iglesia local, teniendo a los niños junto con los demás oyentes en el sermón dominical, sin necesidad de aislarlos en aulas o ponerlos en “guarderías”.

No debemos engañar a los niños llamándoles en algún momento “buen niño” o “niño bueno”, porque la Biblia dice que no hay ni uno bueno, esto incluye a los niños. No existen niños inocentes sin pecado, el único fue Jesucristo. Tampoco debemos ocultar al niño cual su verdadera, recordemos que la mayor necesidad del hombre es nacer de nuevo y esta gran necesidad también la tienen los niños. Debemos mostrarles su pecado, tanto los que vemos cometer cómo aquellos que están propensos a cometer y el Camino de la salvación de su pecado. No omitir que a la par de exponerles el Evangelio también debemos rogar a Dios para que haga obra en ellos, siempre considerando su soberana voluntad. Otro aspecto a considerar es que no debemos ocultar al niño acerca del infierno y del juicio venidero. Asimismo, tampoco debemos forzar a los niños a “tomar su decisión” ni a repetir una “oración de fe para salvación”, ya que el decisionismo lo único que hará será “crear” falsos cristianos. Debemos hablar de Cristo, su vida perfecta, su obra en la cruz, su muerte, su resurrección, y el llamado al arrepentimiento para con Dios y la fe en Cristo para perdón de pecados y salvación.

Ellos necesitan el Evangelio, todo el Evangelio, el Evangelio sin adulteración; los niños deben recibirlo, y si son regenerados por el Espíritu de Dios, serán capaces de recibirlo al igual que las personas adultas.

En conclusión, y en respuesta a la pregunta: ¿Pueden los niños ser salvos? La respuesta es sí. Por lo tanto, prediquemos el Evangelio a los niños, roguemos a Dios por su salvación, y dejemos que Dios habrá su obra conforme a su decreto y soberanía divina.