Hay muchos versículos de la Biblia que hablan del gran amor de Dios por nosotros y de nuestro amor por Dios. Cada creyente debe amar a Dios por sobre todas las cosas.

Pero entre amar a Dios y “estar enamorado de Dios” hay una enorme diferencia, una diferencia que ni Rocío Crooke ni Samuel Hernández han podido distinguir, por eso cantan ambos una canción de similar título: “Enamorado de Dios”. Y si no tenemos el discernimiento adecuado pensaremos que el “estar enamorado de Dios” es algo bueno o que es una acción piadosa y amorosa.

No estoy diciendo que no debemos cantar sobre el amor de Dios o a Dios. Es totalmente apropiado y bíblico hablar de cuánto amamos a Dios, y de que sabemos, sentimos y experimentamos su amor. Eso es bueno y saludable. Pero hay que diferenciar entre amar a Jesús y “estar enamorado de Jesús”. Hay que diferenciar entre amar a Dios y “estar enamorado de Dios”. En ninguna parte de las Escrituras dice que debemos estar enamorados de Dios como enseñan las canciones contemporáneas de índole cristiano.

El término “enamorado” ni entre creyentes es bíblico, sino que es de naturaleza erótica. Está alimentado por el amor romántico y ha infectado sutilmente nuestra cultura, música y nuestra teología de tal manera que se ha llegado a pensar que, así como dos creyentes pueden estar enamorados, así también un creyente puede estar enamorado de Dios. Es por eso que nuestro evangelicalismo popular moderno ha aceptado en general letras de canciones en nuestra adoración corporativa como “Quiero sentirte en mí, Jesús… respira sobre mí… sostenme en tus brazos… abrázame… tu fragancia es intoxicante… quiero tus besos… susurra en mi oído… porque estoy tan enamorado de ti… etc…” Esta canciones, palabras y actitudes casi eróticas hacia Jesús han resultado que muchos adoren en forma equivocada.

Para adorar y alabar a Dios es necesario ser bíblicos y ser más precisos con nuestro lenguaje. Nuestra falta de precisión puede causar confusión y crea una visión sesgada de quién es Jesús, y a su vez esa comprensión sesgada afecta la forma de ver lo que Jesucristo ha hecho por nosotros en la salvación y cómo se relaciona con nosotros como nuestro gran Dios y Salvador.

Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado cuando hablamos de Dios. Por ejemplo, en nuestra vida diaria no decimos: “Estoy enamorado de mi madre, o estoy enamorado de mi hermano, o estoy enamorado de mi trabajo, o estoy enamorado de mis amigos, o estoy enamorado de mi suegra, o estoy enamorado de mi hijo.” Mas bien decimos: “Amo a mi madre, amo a mi hermano, amo mi trabajo, amo a mis amigos, amo a mi suegra, amo a mi hijo.”

Volviendo a la pregunta inicial: ¿Estás enamorado de Dios? Espero que sea bíblica y digas No. Y en vez de eso digas que amas a Dios.