“Como el lirio entre los espinos, Así es mi amiga entre las doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar.” (Cantares 2:2-3). Serie de “Sermones de Avivamiento” Robert Murray McCheyne (1813‐1843) Robert Murray McCheyne nació en Edímburgo el 29 de mayo de 1813, en una época en que los primeros resplandores de un gran resurgimiento espiritual tenían lugar en Escocia. Entre los preparativos secretos con que Dios contaba para derramar sobre su pueblo días de verdadero y profundo refrigerio espiritual se hallaba el nacimiento del más joven de los cinco hijos de Adam McCheyne. Ya desde su infancia Roberto dio muestras de poseer una naturaleza dulce y afable, a la par que todos podían apreciar en él una mente despierta y una memoria prodigiosa. A la edad de cuatro años, y mientras se reponía de cierta enfermedad, Roberto hizo del estudio del hebreo y del griego su pasatiempo favorito. A los ocho años ingresó en la escuela superior, para pasar años más tarde a la Universidad de Edimburgo. En ambos centros de enseñanza se distinguió como aventajado estudiante, de forma especial en los ejercicios poéticos. Se nos habla de él como de buena estatura, lleno de agilidad y de vigor; ambicioso— aunque noble en su disposición, evitando cualquier forma de engaño en su conducta. Algunos le consideraron como poseyendo de forma innata todas las virtudes del carácter cristiano, pero, según su propio testimonio, aquella pura moralidad externa por él exhibida, nacida de un corazón farisaico, y al igual que muchos de sus compañeros, él se afanaba en saciar su vida de los placeres mundanos. La muerte de su hermano David causó una profunda impresión en su alma. Su diario contiene numerosas alusiones a este hecho. Años más tarde, escribiendo a un amigo, Roberto decía: “Ora por mí, para que pueda ser más santo y más sabio, menos como soy yo mismo, y más como es mi Señor… Hoy hace siete años que perdí a mi querido hermano, pero empecé a encontrar al hermano que no puede morir”. A partir de entonces, su tierna conciencia despertó a la realidad del pecado y a las profundidades de su corrupción. “¡Qué infame masa de corrupción he sido! He vivido uña gran parte de mi vida completamente separado de Dios y para el mundo. Me he entregado completamente al goce de los sentidos y a las cosas perecederas en torno a mí”. Aunque él nunca supo la fecha exacta de su nuevo nacimiento, jamás abrigó temor alguno de que éste no se hubiera realizado. La seguridad de su salvación fue algo característico de su ministerio, de modo que su gran preocupación fue, en todo tiempo, obtener una mayor santidad de vida. En la primavera de 1843, al regresar McCheyne de una serie de reuniones especiales en Aberdeenshire, cayó repentinamente enfermo. En este lugar había visitado a varios enfermos con fiebre infecciosa, y la constitución enfermiza y débil de McCheyne sucumbió al contagio de la misma. El día 25 de marzo de 1843 partió para estar con el Señor.