Entre las falsas enseñanzas del catolicismo romano se encuentra la veneración de otra María. Decimos que se trata de otra María porque la María del catolicismo romano es una versión distorsionada de la verdadera María revelada en las Escrituras que también dio a luz a Santiago, José, Judas, Simón y sus hermanas (Marcos 6: 3). Roma rechaza la prueba bíblica de la existencia de otros hijos de María al declarar infaliblemente que permaneció virgen durante toda su vida. Roma dice que su versión de María es mediadora para toda la raza humana (Catecismo de la Iglesia Católica, párr. 494).

Los cristianos creemos que María es bendecida entre las mujeres, pero no creemos que tenga poderes y atributos divinos, porque la Biblia no menciona tales atribuciones.

El romanismo enseña que su versión de María tiene los mismos atributos divinos de nuestro Señor Jesucristo. Dicen que fue concebida sin pecado, y vivió una vida sin pecado, y que luego ascendió corporalmente en gloria, y actualmente es la mediadora de toda gracia, es nuestra defensora y ahora reina como Reina del cielo junto al Rey de reyes. El Papa Francisco declaró:

“La Inmaculada ‘Virgen’ se convierte en el icono sublime de la Divina Misericordia que conquistó el pecado. A ella le encomiendo a la Iglesia y a toda la humanidad, especialmente a la ciudad de Roma”.

Considerando está enseñanza del catolicismo romano, sin ánimo de ofender a nuestros amigos católicos romanos, vemos que este tipo de María está asociada a la idolatría, esto se evidencia cuando en la práctica se inclinan para rezarle ante una imagen hecha por el hombre. La oración es una de las formas más profundas de adoración porque reconoce el poder divino de la persona a quien rezamos. Es por esto que nunca vemos a ningún hombre temeroso de Dios orando a nadie más que a Dios en la Biblia. Sin embargo, miles de católicos romanos rezan a María, creyendo que María podría escucharles y responderles. Pero, eso no es posible ya que María no es Omnipresente ni Omnisciente ni Omnipotente. Ella es tan humana como todos nosotros.

Concluimos afirmando que, a la luz de las Escrituras, la María del catolicismo romano no es la verdadera María descrita en la Biblia.